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Los malos tratos infantiles son una cruel realidad. Pero también se está detectando un aumento de falsas denuncias de abuso sexual por parte de cónyuges en proceso de separación. Y al niño le perjudican igual.

DOMINICAL! 19109104

Por Elisabeth García Iborra

"Cualquier acto por acción u omisión realizado por individuos, instituciones o por la sociedad en su conjunto y todos los estados derivados de estos actos o de su ausencia que priven a los niños de su libertad o de sus derechos correspondientes o que dificulten su óptimo desarrollo". Ésta es la definición del Centro Internacional de la Infancia, de París, quizá algo enrevesada, de las distintas situa­ciones en las que podernos considerar que un menor está siendo maltratado; tantas, tristemente, como agentes pueden perpetrarlas.

La forma más conocida y fácilmente reconocible, incluso por el pro­pio niño, es el maltrato físico, deje marca o no en su cuerpecito inde­fenso. La explotación infantil, bien sea por parte de los padres, que los utilizan para pedir o robar, o bien por parte de mafias que los com­pran o los secuestran a fin de esclavizarlos en fábricas,-el campo, el servicio doméstico o la prostitución, es una plaga mundial difícil de erradicar. El abandono físico es otra, que se reconoce porque el peque­ño ve desatendidas sus necesidades básicas. El maltrato emocional se refleja con insultos, humillaciones, amenazas, desprecios, burlas o críticas que le hagan sentir inferior. El abandono emocional, es decir, la falta de afecto, estimulación, apoyo y protección, es igual­mente maltrato- El abuso sexual se extiende a cualquier clase de pla­cer que un adulto obtenga con un niño desde una posición de poder o autoridad, tanto si existen tocamientos y forcejeo como si se le usa para estimularse. El más curioso de los maltratos es el síndrome de Munchhausen por poderes, consistente en que el progenitor some­te al niño a continuas exploraciones médicas, en una hipocondría enfocada en el pequeño que podría contagiársele. El maltrato ins­titucional se refiere a cualquier acción u omisión por parte de los poderes públicos o de profesionales implicados en asuntos con meno­res que comporten abuso, negligencia, detrimento de la salud, la seguridad, el estado emocional y el bienestar de los mismos.

¿Quién se ocupa de defender estos derechos? Aparte del Defensor del Menor, instalado en Madrid, varias comunidades autónomas han desarrollado sus competencias en la materia con un depar­tamento específico que atiende los problemas de los menores. El Arartelco vasco, el Justicia de Aragón, el Síndic de Greuges cata­lán y el valenciano, el Valedor do Pobo gallego, el Diputado del Común en Canarias y el Defensor del Pueblo andaluz cuentan con sus equipos especializados, a veces para atender las quejas de los menores -más bien pocas, puesto que los niños no saben expre­sar lo que sienten o no reconocen que lo que padecen son malos tratos o tienen miedo de las represalias- y, en la mayoría de las ocasiones, para actuar de oficio ante situaciones graves, como malos tratos en una guardería, el desamparo de los menores inmi­grantes en los centros públicos o, en casos de pobreza, el absen­tismo escolar, la adopción internacional, el derecho de visita del padre divorciado... Estos departamentos, formados por trabaja­dores sociales, psicólogos, pedagogos y juristas, suelen elaborar un informe anual centrado en el menor, que se presenta en los par­lamentos regionales para instar a los políticos a cambiar todo lo que esté a su alcance. El inconveniente es que, aunque han logrado mejorar bastante el funcionamiento desde que se cambió la ley y se les permitió actuar al margen del Defensor del Menor de Madrid, al igual que éste, "sólo recomiendan, sugieren, vigilan y alertan; pero si no se les hace caso, no pueden llegar más allá, tie­nen un papel muy mermado por la ley", lamenta el portavoz del Diputado del Común, Manuel Alcaide Alonso

alguna en relación con las decisiones de los tribunales de justicia". El Justicia de Aragón, Fernando García Vicente, se refiere a la pro­tección que están pidiendo muchos hombres ante determinadas decisiones judiciales que les niegan el derecho de visita o la cus­todia de sus hijos porque, ante la duda, deben garantizar el bien­estar del menor. Pero, ¿qué duda? El calvario comienza, tanto para estos señores como para sus criaturas, en cuanto se inician, las accio­nes legales de separación y custodia, pues algunas madres no encuen­tran manera más ética de obtener la guarda y custodia de sus hijos que presentar una falsa denuncia de abuso sexual o de malos tra­tos hacia sus pequeños por parte de los padres.

 

las denuncias falsas de violencia sexual contra menores se disparan al 60% en un contexto de separación de los padres.

 

Por un lado, según el estudio Abuso sexual en la infancia., evalua­ción de la credibilidad del testimonio, impulsado por el Centro Reina Soñ'a para el Estudio de la "Violencia, ocho de cada diez niños que denuncian violencia sexual no mienten. Por otro, los doctores Bar-gadá, Llopart, Mirasol y Tomás, pediatras del Hospital Valí d'He-bron, en Barcelona, han detectado un importante aumento de denuncias de abusos sexuales. Yque en más de la mitad de los casos son falsas. Según estos especialistas, "algunos estudios y la práctica clínica demuestran que los más altos porcentajes de falsas acusaciones se dan en situaciones de padres separados, para con­seguir la custodia del hijo o vengarse de la ex pareja". Lo avala el informe de la Asociación para el Bienestar del Menor, según el cual "las denuncias falsas se disparan, en un contexto de separación familiar, al 6o%". El problema es que el padre sufre el síndrome de alienación párenla!, es decir, el alejamiento e incluso el rechazo por parte de su pequeño, predispuesto contra él por la madre mali­ciosa, como la definen los profesores de Psicología de la Universi­dad de Granada Cantón Duarte y Cortés Arboleda y la psicóloga del juzgado de familia de Granada, María Dolores Justicia Díaz, en Conflictos matrimoniales, divordoy desarrollo de los hijos (Pirámide). Padres afectados, miembros de la Plataforma Contra el Maltrato Infantil, denuncian que no se está velando por el bien del menor "Los jueces aplican a los padres la presunción de culpabilidad, no se les permite ver a sus hijas hasta que prueban su inocencia. Suele pasar tanto tiempo que la niña no quiere ver a su padre porque la han convencido de que es malo y abusa de ella".

Pero están ejecutando su labor con esmero, coordinándose con las demás partes implicadas en el sistema, a fin de favorecer la detec­ción del maltrato en el área sanitaria o educativa o bien, a poste-riori, tejiendo una red que implique a distintos departamentos. "Quizá detrás de un niño que sufre abandono físico haya una fami­lia numerosa sin casa. El departamento de Vivienda actúa sobre el tema y lo comunica al de Menores, trabajando de forma trans­versal para ponernos de acuerdo en muchas cuestiones. No se trata sólo de parar el maltrato, sino de modificar el entorno para que no se repita", dice José Chamizo, el Defensor del Pueblo andaluz

Entre las denuncias más habituales que reciben los defensores se encuentran las de uno de los padres del niño, especialmente, según la experiencia del Justicia de Aragón, "en supuestos de cri­sis conyugales, con hijos menores comunes, derechos de visitas a los menores; solicitudes de los ciudadanos para que el Justicia medie en la revisión de expedientes judiciales de atribución de la guarda y custodia de menores a uno u otro de los progenitores". En estos casos concretos, la "institución del Defensor se encuentra imposibilitada legalmente para desarrollar actuación de supervisión.

 

 

En efecto, lo más grave es que los chavales pueden acabar creyendo realmente que sus padres abusan de ellos o les maltratan, con todas las consecuencias que ello les acarreará hasta en su madurez. Apar­te de trastornos de desarrollo, emocionales o de comportamien­to y depresión, en el Hospital Valí d'Hebron alertan sobre el fenó­meno de la falsa memoria: al preguntarle al menor reiteradamente por esos abusos, desde familiares hasta abogados, jueces, psicó­logos y demás actores en el proceso, se va modificando su repre­sentación en la memoria. "A cada pregunta se le proporcionan nuevos datos al paciente, y éste las puede integrar como hechos verídicos cuando en realidad no han pasado". Por ende, en la edad adulta podría manifestar problemas en su sexualidad u otros tras­tornos por la creencia de la pérdida de afectividad de una de sus figuras parentales, por la inseguridad, miedos... Síntomas casi idénticos a los que suelen detectarse en los niños maltratados físi­ca, psicológica o emocionalmente, en los abandonados o en los que de veras han sufrido abusos sexuales. Victoria del Barrio, pro­fesora de Personalidad de la UNED y experta en el estudio de la depresión infantil, señala que la conducta violenta por parte de los progenitores genera en ¡os niños dos tipos de conductas emocionales negativas: "La depresión y la agresión, sobre todo hacia sus padres, lo que repercute en la aceptabilidad social del niño y puede hacerle huir hacia conductas impropias de su edad, como el consumo de drogas o las relaciones sexuales tempranas".

Asimismo, esta especialista asegura que "el mayor nivel econó­mico y sofistkacíón técnica de la sociedad no extingue el maltrato infantil, una conducta violenta que va in crescendo". De hecho, la mortalidad por maltrato infantil se triplicó en España entre 1997 y 2001, según el estudio de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria. Aunque también "es posible que ahora se contabilice mejor", matiza Del Barrio. Añade otro dato sorpren­dente: "Sólo entre el i o y el 15% de los agresores son perturbados y los padres más jóvenes son más frecuentemente maltratadores". Como factores que les predisponen a maltratar a sus criaturas cita el haber sido maltratado de niño, una excesiva impulsividad e irri­tabilidad, el alcoholismo y el estrés. Ante este tipo de conductas, puesto que ya se ha demostrado que los menores no son capaces de denunciar su sufrimiento, la resolución se encuentra en manos de su entorno, de otros familiares, de profesores, amigos o médicos que vislumbren cualquier anomalía en el desarrollo de los pequeños.

 

                                                                   

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